Las Hurdes

Esta comarca se emplaza al norte de la provincia de Cáceres, limitada por el curso del Alagón y las Sierras de Grata y Francia.

Si hablamos brevemente de su historia quizá alimentemos un poco aquellos tópicos que pesaban sobre ella. Aquí hubo población en épocas antiguas, pues hay varios restos de la Edad del Bronce que dan muestra de ello, pero ningún asentamiento importante. La dureza del entorno montañoso e intrincado y la poca fertilidad de la tierra no atrajeron ni a romanos ni a árabes, y en la Alta Edad Media la comarca estaba prácticamente deshabitada. Más tarde, allá por el siglo XIII, el pastoreo de cabras introduciría nuevamente a algunas gentes en estas tierras, repoblándose con castellano-leoneses y asturianos, cuya herencia se deja ver en el dialecto que todavía se habla en Las Hurdes. La estabilización de algunas majadas daría lugar a las primeras alquerías estables.

Las Hurdes se ha caracterizado pues a lo largo de su memoria por ser un territorio aislado, con una historia llena de tópicos y mitos, siendo protagonista de una leyenda negra que la convertía en paradigma del atraso del campo español en general y el extremeño en particular, siendo conocida por muchos como uno de los parajes más atrasados y tristes de España por aquel entonces, habitado por gentes de marcada personalidad y vestustas costumbres.

A día de hoy la comarca poco tiene que ver con el retrato que se hizo antaño de ella. La mayoría de sus seis municipios prosperan, siendo algunos grandes productores de uno de sus productos estrella: la miel, y junto con sus muchas alquerías son un importante punto turístico, sobre todo para aquellos que adoran los paisajes virginales como el suyo, compuesto por un laberinto de montañas, valles, bosques, ríos y saltos de agua.

Y es que si algo caracteriza a las Hurdes son sus increíbles parajes. Transitando por la región podemos encontrar árboles considerados singulares, numerosas rutas que nos llevaran por rincones sorprendentes como el Chorro de la Meancera, miradores salpicados por el terreno y que dan unas extraordinarias vistas del mágico paisaje; como el de la Antigua, que mira al famoso Meandro del Melero, e incluso puntos tan sorprendentes como el Volcán del Gasco, que no es en realidad un volcán si no el cráter que dejó el impacto de un meteorito hace más de un millón de años.

Uno puede simplemente perderse entre sus alquerías y disfrutar de sus casas que parecen nacer del terreno con su arquitectura vernácula. Tan característica que motivó la creación de un centro de Interpretación: el Centro de Interpretación de la Casa Hurdana. Uno de los muchos que hay por las Hurdes, como el Centro de interpretación del Agua y Medio ambiente de las Hurdes o el Centro de Interpretación e Información de Las Hurdes.

Y algo que llama también la atención es su cultura y folklore, emanados de una historia caracterizada por un marcado aislamiento, lo que ha propiciado unas tradiciones propias que podemos ver reflejadas en sus costumbres, fiestas y gastronomía.

Destaca el Carnaval Hurdano, seña de identidad de los habitantes de la comarca y que cada año se celebra en una alquería distinta de Las Hurdes. Su origen se pierde en el tiempo y está rodeado de costumbres y mitos ancestrales que parecen llegar hasta tradiciones prerromanas, lo que se deja ver, entre otros elementos, en los personajes caracterizados y “peleles” que participan como el Burru Antrueju, el Machu Lanú, o el Obispu Jurdanu, en los que se observa una curiosa y llamativa dualidad entre hombre y animal.

Y también la Enramá de Pinofranqueado, en la que los mozos y mozas de la localidad son emparejados mediante un sorteo. Durante el tiempo que dura el emparejamiento; tres días, el mozo luce en la solapa un ramo de flores silvestres que la moza ha confeccionado para él. Una fiesta relacionada con antiguos rituales de emparejamiento, y ambas dos están declaradas de Interés Turístico Regional.

Y si hablamos de su gastronomía no está exenta de ese halo que parece envolver a toda esta comarca. Destaca e ella la miel y sus derivados, uno de los productos estrella de la región, pero también es conocida por cocinar el cabrito en numerosas formas; caldereta, brasa e incluso con polen. Y es que la cría de cabras fue durante gran parte de su historia la actividad principal de esta zona. También por postres como los flanes de castaña o por la llamativa ensalada hurdana; con limones, naranjas, huevo y aderezada con chorizo.

Sin duda un paraíso perdido entre los escarpados riscos que enamora y llama la atención de todo aquel que lo visita y que no te puedes perder..

Qué ver en Las Hurdes

Qué hacer en Las Hurdes

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Trujillo
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